Diario de Avisos, 20 de noviembre de 2005
 
SANTA CRUZ
Tras la verja del templo masónico
El laboratorio del COAC entrará este mes para hacer los primeros análisis con vistas a la restauración

 
Pepi Déniz
Santa Cruz


Tenga cuidado al subir las escaleras, el lado izquierdo, después de que empezaron los derribos de las ciudadelas, se ha agrietado y no es muy seguro". Calle de San Lucas, las puertas de acceso al templo masónico se resistieron a ser abiertas. La imagen de vacío impacta sobre el visitante que ha esperado encontrar respuestas a los cientos de leyendas que hay alrededor de esta construcción. Humedades, grietas y paredes desconchadas. Recuerdos del antiguo botiquín militar y apenas memoria de las pinturas y dibujos que dicen que una vez presidió el gran salón de la Logia de Añaza.

La mirada atenta del que no sabe de masonería busca los rincones que han dado al templo fama dentro de la ciudad. Pero hay que saber mucho para verlo, porque hay habitaciones con azulejos, escaleras de metal que alguna vez sirvieron de paso para almacenes; imágenes, en definitiva, que ocultan lo que una vez fuera un lugar de encuentro para masones, conocido por ser el primero en contar con licencia municipal a finales del siglo XIX. ¿Dónde están los símbolos de un edificio impregnado de lecturas y señales en su arquitectura? ¿Qué queda de ellas?

En la actualidad parece que, por fin, se dan los pasos necesarios para poner en marcha el proyecto que tratará de devolver la imagen primera de este singular edificio. Según los técnicos es a finales de noviembre o inicios de diciembre cuando los Laboratorios del Colegio Oficial de Arquitectos (COAC) accedan al inmueble y comiencen a realizar las primeras catas para detectar los defectos y hacer un diagnóstico para intervenir sobre él.

Según los técnicos, "el encargo que nos ha hecho el Ayuntamiento es tratar de devolver la imagen al templo y que permita que los masones puedan volver a utilizarlo". Indicaron que esta idea es buena, "ya que es muy interesante que los edificios no se desvinculen de su historia. Quienes mejor pueden usar y dar vida al templo masónico son los propios masones".


En la gruta

Las humedades han hecho mella en el edificio. Se nota, incluso, en la Cámara de las reflexiones. Un lugar oscuro que impresiona. Parece que en ella residen meditación y sacrificio de los aspirantes (¡si las paredes hablasen!). La escalera de Jacob sube hasta ver desde la altura y en perspectiva la calle de San Clemente y el vacío que ha dejado la obra anexa. Da pavor subir por ella, quizás por las leyendas negras que hay sobre quienes no conseguían superar las pruebas para convertirse en masones. Es estrecha y alargada.

Dos plantas, y la máxima altura, para el edificio más importante de la calle, según se pensaba en la época en la que fue construido. Una fachada con el gran ojo en su tímpano. Cornisas llenas de simbolos masónicos, esfinges y árboles que recuerdan a los integrantes de esta entidad que aquí se reúnen los masones. La promesa de la restauración se ha hecho de rogar. Por ahora, el templo resiste y el laboratorio podría abrir la puerta a la recuperación de un símbolo de la historia de la ciudad.