La Opinión, 8 de agosto de 2005
El templo masónico será sometido a catas
para estudiar su estructura
Los árboles de la entrada podrían desaparecer porque ocultan
la fachada
Si la estructura del templo masónico de Santa Cruz de Tenerife corre o no peligro se sabrá cuando se realicen las catas oportunas, según informó el arquitecto que está diagnosticando el estado del inmueble, José Miguel Márquez Zárate. De momento, lo que se ha hecho es un trabajo de campo para comprobar el grado de conservación de todos los elementos externos del edificio.
Una vez realizados los planos, la división en secciones, la toma de
fotografías, la identificación de los símbolos masones
y la recopilación del estado físico del templo, "toca hacer
una biopsia", indicó Márquez Zárate. "Hasta ahora
le hemos visto la pupila, el color de la piel... pero ha llegado el momento
de meterlo en el quirófano", explicó el arquitecto como si
el edificio fuera un paciente enfermo.
El laboratorio de su estudio de Arquitectura está listo para realizar
las pruebas que determinarán el estado del templo, tales como mediciones
de humedad, composición de mortero, tipo de revestimiento, tipo de construcción
de los muros, grado de degradación de los materiales... Además,
Márquez Zárate tiene la intención de incorporar a su equipo
al historiador Manuel de Paz.
En principio, el inmueble "está en situación de equilibrio",
dijo. Pero, para prevenir sorpresas desagradables, hay que tratarlo con mimo.
El interior está vacío y muy deteriorado; en la Sala de Tenida,
donde los masones realizaban sus ritos, todavía permanece el típico
suelo en blanco y negro de la masonería, simulando una tabla de ajedrez.
Además, en esta sala se descubrió un falso techo de aluminio que
esconde la estructura original del templo, toda de madera.
Este templo está considerado el más bello de España. Fue
construido por la Logia Añaza (perteneciente al Gran Oriente Español),
en base al proyecto del arquitecto Manuel de Cámara, e inaugurado en
el año 1902.
Tras la Guerra Civil de España, el dictador Francisco Franco requisó
los bienes y al archivo masónicos y el templo pasó a manos del
Ministerio de Defensa de la dictadura. Los militares hicieron del templo un
lugar para almacenar material óptico. Incluso, hoy en día, entre
el polvo, se pueden ver dibujos de gafas y utensilios para graduar la vista,
entre otras cosas que fueron abandonadas por los militares.
Finalmente, en época de democracia, el Estado vendió el edificio
al Ayuntamiento de Santa Cruz en el año 2001 por más de 470.000
euros.
Por su parte, la Comisión Insular de Patrimonio del Cabildo de Tenerife
acordó hace tres años declarar Bien de Interés Cultural
(BIC) al templo.
Una vez rehabilitado, el templo se convertirá en museo y centro de investigación
de la masonería, que podrá ser visitado por los ciudadanos. Los
masones también podrán llevar a cabo sus reuniones, algo que no
es incompatible con el uso público del edificio, ya que los masones desarrollan
sus actividades en horario vespertino. En cuanto a las estancias y otros elementos
que añadieron los militares, desaparecerán para dejar el templo
en su estado original.
"Es una responsabilidad inmensa"
José Miguel Márquez Zárate ha dedicado muchas horas a
estudiar el estado del templo masónico y conoce muy bien todos los detalles.
Aunque asegura que todos los encargos que ha recibido como arquitecto le han
llenado de satisfacción, el que ahora le ocupa es realmente especial
"por la vinculación que tiene con la profesión", ya
que el origen de la masonería son los antiguos gremios de constructores.
Así es que, "lo hacemos con la mayor ilusión y sabemos que
es una responsabilidad inmensa", señala. Tras las primeras pruebas
realizadas, Márquez puede decir que el templo "está muy deteriorado
y abandonado", por lo que "hay que recuperarlo y dignificarlo".
Una de las cuestiones que se están planteando es trasladar los árboles
de la entrada a otro lugar, ya que impiden la vista completa de la fachada del
templo, llena de símbolos masónicos y de elementos arquitectónicos
importantes. Los militares adaptaron el edificio a sus necesidades, sin respetar
elementos tan bellos como los balaustres que estaban en la ventana de la izquierda
de la fachada, entre otras cosas. La restauración repondrá todos
los elementos destrozados y derribará los que construyeron los militares.
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